Dame de beber
En esta
Cuaresma nos puede ayudar a vivir nuestro encuentro con Cristo contemplar el
que vivió la samaritana. (Jn. 4, 1-30)
Vemos a
Jesús, que se hace el encontradizo, porque “tenía que pasar por Samaría” (Jn 4,4). Y se
encuentra allí, en el pozo, solo con una mujer, el motivo por el que Jesús tenía
que pasar por allí. Porque aquella tarde Jesús se quería encontrar con ella
para salvarla. Tenía sed de su vida, de su fe, de redimir su alma.
Y ella
también tenía sed, porque se había casado con varios hombres y ninguno había
saciado su deseo de felicidad. Y Cristo se propone hacer redención, porque su
Corazón Misericordioso dice “tengo sed” (Jn 19,28) en la Cruz, como la tiene ahora de
salvarte a ti, de que confíes en Él y te abras a su Misericordia. Tiene sed el
Señor de nuestros pecados, de nuestras miserias y debilidades, de que nos
entreguemos a Él sin reservas de una vez por todas. Porque Cristo se ha
empeñado en nosotros, y está dispuesto a todo con tal de conquistar nuestro
corazón.
Por eso le
hace descubrir a aquella samaritana que Él conoce su vida, su pasado, pero la
mira diferente. Ella ha experimentado tantas veces la incomprensión y el
desprecio de los demás, pero en Cristo encuentra una mirada de Misericordia.
En esta
Cuaresma dejemos que Dios salga a nuestro encuentro, pongámonos a tiro para ser
tocados por su mirada de Amor. Atrevámonos a dejar que Cristo nos transforme.
No tengamos miedo a abrirnos a Él. Dios conoce todos los rincones de nuestra
vida y de nuestra alma. Y nos quiere ofrecer un agua que no nos dará más sed.
Tantas veces que buscamos saciarnos en cosas que realmente no nos llenan, y
Dios quiere colmar nuestra vida de plenitud, de su Gracia, de su Vida.
Como añadido a este texto, queda esta canción del sacerdote de Getafe Carlos Dorado, interpretada por la Fraternidad Seglar en el Corazón de Cristo:
Hno. Miguel Jiménez, EdMP
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