La Revelación: «El cielo proclama la gloria de Dios» (Sal 19)
Concepto de revelación
Revelación es el acto o proceso
de comunicación de la misma divinidad. Hay dos tipos de revelación: creacional,
e histórica o sobrenatural.
La revelación creacional es la
que posibilita el conocimiento de Dios como creador a partir de las cosas
creadas. En el Antiguo Testamento se ve en los Salmos que Dios ha creado todo
de la nada, ha dejado su impronta impresa en todas sus criaturas, y las
criaturas son manifestación de su autor; y Sabiduría condena el pecado de
idolatría. En el Nuevo Testamento podemos encontrar en Romanos que Dios puede
ser conocido por el hombre, las cosas creadas manifiestan el poder eterno de
Dios, y Dios se manifiesta a través de la conciencia. En Hechos de los
Apóstoles el paganismo tiene elementos aprovechables (el dios desconocido), y
se ven los frutos de la revelación creacional.
La revelación histórica o
sobrenatural encuentra sus características en Dei Verbum 1: la autocomunicación
divina que es libre entrega de Dios y su máxima expresión es Jesucristo; es un
encuentro personal salvífico, un diálogo amistoso entre Dios y el hombre, pues
Dios llama al hombre a la comunión con Él; da origen a un conocimiento nuevo:
del Dios verdadero y su designio salvífico; es revelación del misterio de Dios:
apertura, manifestación como misterio.
Carácter cognitivo
Para que la revelación pueda ser
acogida por el hombre, se necesita la búsqueda del hombre de una respuesta
definitiva, la cual conlleva apertura a una posible revelación sobrenatural.
Dios se revela como misterio. La revelación creacional se da a través de las
realidades humanas. La revelación histórica, en cambio, conlleva un
conocimiento explícito y gratuito sobre Dios y su designio salvífico
inalcanzable a la sola razón a partir del mundo. El Vaticano I (Dei Filius) afirma que es necesaria para
el hombre en su condición tras el pecado original.
Revelación e historia
En la revelación en la historia,
la cual se da por hechos y palabras, podemos distinguir tres grandes etapas: la
Antigua Alianza, Jesucristo, y el Espíritu Santo.
En la de la Antigua Alianza vemos
ya en los antepasados de los patriarcas que viven experiencias religiosas. Fundamental
es la elección divina y la misión para el Pueblo de dar testimonio. Está
marcada por la dinámica de promesa y cumplimiento, el cual se concreta en
acontecimientos, signos de la salvación de Dios. Está compuesta por las fases
de: patriarcas, éxodo, jueces, monarquía, exilio y post-exilio. Se produce la
revelación a través de la palabra performativa, dabar, y se revela el nombre de Dios en Ex 3,14: “Yo soy el que
soy”. El contenido de la revelación es Dios mismo, Señor de la historia, santo
y creador. Tiene una orientación para el futuro: esperanza de alianza nueva y
eterna, del reino definitivo de Yahvé y del nuevo ungido de Dios.
En Jesucristo nos encontramos el
cumplimiento pleno y definitivo de la promesa de Dios. Así, el presente es el
tiempo definitivo. En la Encarnación entra el tiempo escatológico. Es la
revelación definitiva Jesucristo, Palabra Encarnada. En Él se identifican el
revelador y lo revelado, quien revela el nombre con que nos hemos de dirigir a
Dios: Padre. La gran novedad es el escándalo de la Cruz. La plenitud de la
revelación es la Resurrección, donde se da el cumplimiento de la Palabra.
El Espíritu Santo actualiza y
universaliza la revelación de Jesucristo; ilumina a los Apóstoles en su predicación;
acompaña y asiste el testimonio de la Iglesia; actualiza, fecunda y
universaliza la palabra de Cristo.
Transmisión de la revelación
La Iglesia es la transmisora de
la revelación, Jesús la forma llamando a los Doce para estar con Él, actuar con
su autoridad y predicar el kerigma. Para ello es clave la sucesión apostólica,
los sucesores de los Doce, quienes solo transmiten la Revelación, que está
cerrada con la muerte del último Apóstol. La Iglesia actualiza el Depósito de
la Fe con la asistencia del Espíritu Santo. La Palabra de Dios se contiene en
la Escritura, testimonio principal, y en la Tradición, fuente de conocimiento
de la Escritura. El Magisterio acoge e interpreta el Depósito de la Fe, y la
actualiza.
Hno. Miguel Jiménez, EdMP



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