18 de enero de 2026

Hemos encontrado al Mesías

Hemos encontrado al Mesías

 



Es llamativo el relato de la vocación de los primeros discípulos en el Evangelio de San Juan, porque se muestra cómo del encuentro con Cristo brota de manera natural el testimonio. En primer lugar, Juan Bautista presenta a Cristo ante dos seguidores suyos como “el Cordero de Dios” (Jn 1,36). Aquellas palabras impactaron tanto por su profundo significado, que provocó en ellos un deseo de seguir a Jesús, pues habían encontrado al Mesías anhelado, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Ese descubrimiento de Cristo tras sentirse interpelados por Él, la “perla de gran valor” (Mt 13,45-46), conlleva en Andrés el deseo de contárselo a su hermano Simón Pedro: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1,41). Esa ansia de comunicar a Cristo a los demás es imitación de las ansias redentoras que mostró Él en la oración sacerdotal: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo” (Jn 17,3).

También es una respuesta agradecida por el don recibido de Dios: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal 116,12) … “porque es eterna su misericordia” (Sal 135). Así, la iniciativa es de Cristo: “Él nos amó primero” (1 Jn 4,19) y la nuestra es una natural respuesta al Amor recibido por Dios, ese Amor que queremos transmitir a los demás, como expresa San Juan de Ávila: “Sepan todos que nuestro Dios es Amor”. O como bien afirman los Apóstoles con contundencia cuando les piden que dejen de anunciar al Señor: “No podemos menos que contar lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20), o el Apóstol San Pablo: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9,16).

Así, cuando somos realmente conscientes del Amor que “nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (1 Jn 3,1), y lo meditamos, y no dejamos que nadie nos robe esa alegría producida por Dios, podemos decir con San Ignacio de Antioquía: “Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó”.

Esto también es una Gracia de Dios: encontrarse con Cristo, sentirse interpelado por Él, y tener el deseo de responderle e invitar a otros a descubrirle; pues solo con la ayuda del Señor se puede vivir una vida nueva con Él, e imitar a Quien también ora al Padre diciendo: “Yo les he dado a conocer tu nombre y lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos” (Jn 17,26).


Hno. Miguel Jiménez, EdMP

No hay comentarios: