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| Del corto de Pixar Partly Cloudy |
Como con frecuencia podemos caer en el desánimo a causa de nuestras propias faltas, o incluso en una concepción errónea de nosotros mismos o de Dios, quisiera compartir una selección de textos del libro El arte de aprovechar nuestras faltas según San Francisco de Sales. Ha sido escrito por su discípulo Joseph Tissot en base a pensamientos recogidos del santo de la mansedumbre, especialmente "Tratado del Amor de Dios", "Introducción a la Vida Devota" y cartas:
"No es posible que tan pronto seáis dueña y señora de vuestra alma, como si la tuvierais totalmente en vuestra mano. Contentaos con ir ganando, poco a poco, alguna pequeña ventaja sobre vuestro defecto dominante. (…) Aunque, por nuestra debilidad, vislumbremos muchas caídas, no debemos turbarnos de ningún modo".
"Cuando tu corazón caiga, levántalo suavemente, humillándote mucho en la presencia de Dios con el conocimiento de tu miseria, sin asombrarte de tu caída, pues no es de admirar que la enfermedad sea enferma, la flaqueza sea flaca y la miseria sea miserable. Pero detesta con todo tu corazón la ofensa que has hecho a Dios, y lleno de valor y de confianza en su misericordia, vuelve a emprender el camino de la virtud que habías abandonado".
"Esperemos con paciencia que vamos a mejorar y, en vez de inquietarnos por haber hecho poca cosa en el pasado, procuremos con diligencia hacer más en el futuro. (…) No perdamos la paz al vernos siempre como principiantes en el ejercicio de las virtudes, porque en estos trabajos siempre debemos considerarnos todos principiantes; durante toda la vida estaremos sometidos a prueba, y considerarse como habiendo superado todas ellas es la señal más clara no solo de no haberlas superado, sino de incapacidad para seguir siendo probado. La obligación de servir a Dios y de progresar en su amor dura hasta la muerte".
"Tened paciencia con todo el mundo, pero
principalmente con vos misma: quiero decir que no perdáis la tranquilidad por
causa de vuestras imperfecciones y que siempre tengáis ánimo para levantaros. Me
da alegría ver que cada día recomenzáis; no hay mejor medio para acabar bien la
vida que el de volver a empezar siempre, y no pensar nunca que ya hemos hecho
bastante".
“Benditas imperfecciones, que nos hacen
reconocer nuestra miseria, nos ejercitan la humildad, en el desprecio de
nosotros mismos, en la paciencia y en la diligencia”.
“Verdaderamente que nada puede humillarnos
tanto como la multitud de los beneficios del Señor, al contemplar su
misericordia; y la multitud de nuestras maldades, al considerar su justicia.
Miremos lo que Dios ha hecho con nosotros y lo que nosotros hemos hecho contra
Dios: consideremos al por menos nuestros pecados, consideremos al por menor
también sus gracias; y no tengamos miedo de que el conocimiento de los dones
con que nos ha dotado pueda engreírnos y llenarnos de vanidad, si tenemos
presente esta verdad: lo que hay de bueno en nosotros no es nuestro”.
“Llenad vuestra memoria con el recuerdo de
vuestras faltas e infidelidades, para humillaros y enmendaros; y con el de los
beneficios que de Dios habéis recibido, para darle gracias. (…) Decid a vuestro
corazón: ¡Adelante!, no vuelvas a ser infiel, ingrato y desleal con este gran
Bienhechor. ¿Cómo no ha de someterse en lo sucesivo nuestra alma a un Dios a
quien tantas maravillas debe?”
“La humildad hace que no nos inquietemos
con nuestras imperfecciones, recordándonos las de los demás. ¿Qué razón hay para
que hayamos de ser más perfectos que los otros? Y también hace que no nos
impacientemos con las faltas del prójimo, acordándonos de las nuestras. ¿Por
qué nos hemos de admirar de que los demás tengan imperfecciones, si nosotros
también las tenemos?”
Hno. Miguel Jiménez, EdMP

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