20 de septiembre de 2026

Cosas de carismas con... Pablo Sanz

Cosas de carismas con...

Pablo Sanz, miembro del instituto secular Cruzados de Santa María


"Me gusta pensar que quien hizo el mar se enamoró de mí"

Es laico consagrado, profesor de educación física, y evangeliza a través de la música. El origen de su vida espiritual es su casa. De padres católicos comprometidos y grandes educadores, ha podido vivir la fe desde pequeño. Más adelante, formó parte de la Milicia de Santa María, un grupo juvenil que busca la formación de los jóvenes. En esas vivencias humanas de amistad, diversión, naturaleza, descubrió quién es el Señor, cómo poder relacionarse con Él. 


Uno o dos... 

Canciones: The A team ( Ed Sheeran), Si tú no estás (Rosana)

Libros: El principito, Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Películas: Cadena perpetua, El truco final 

Santos: Santa Teresa de Lisieux

Frases de la Biblia: «Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino en el desierto, corrientes en el yermo» (Is 43,19)

Personajes de la Biblia: San Pedro, la hemorroísa

JMJ u otro encuentro: JMJ Madrid y Polonia 

Consejos para la vida: buscar un buen acompañante (guía y dirección espiritual)

Lugares para peregrinar: Fátima


Pregunta. ¿Cómo descubriste tu vocación?

Respuesta. Mi vocación surge a partir del 1 de agosto de 2008 en una actividad con la Milicia de Santa María, cuando tenía 15 años. Hay unas convivencias en verano que son diez días, y el primer día lo dedicamos a hacer un retiro en el desierto de las Bardenas. En esa mañana tengo una experiencia en la que siento cómo Dios me llama a los Cruzados, el instituto secular que lleva el grupo de jóvenes de la Milicia de Santa María, y cuya vocación es ser laicos en medio del mundo y vivir esa consagración en las realidades temporales, en especial, la dedicación a los jóvenes. A partir de este encuentro, fueron unos años de discernimiento, de hablar con los Cruzados que me acompañaban en ese momento, y con mi director espiritual, e ir viendo que la llamada del Señor iba por ahí, durante cinco años. Ya con veinte años entré a la Cruzada, en el 2013.

P. ¿Quiénes son los Cruzados de Santa María?

R. Un instituto secular que funda el P. Tomás Morales y lo cofunda Abelardo de Armas, surge a mitad del siglo XX, y busca vivir el laicado dentro de la Iglesia de una forma radical por medio de la consagración. Por medio de los votos de pobreza, obediencia y castidad, pero sin alejarse del mundo, sino siendo parte de él. Tiene muchas características propias, como que vivimos en comunidad. Luego, según pasaron los años, debido a la relación de los Cruzados con la realidad del mundo, surge en torno a los Cruzados un movimiento, el Movimiento de Santa María. Buscamos la movilización del laicado, hacer caer en la cuenta a todo bautizado que ya está consagrado y llamado a la santidad. Y otro punto clave es el amor a la Virgen, por medio de campañas, mensajes, misiones...

P. ¿Cuál es la enseñanza que destacarías del padre Morales a los jóvenes?

R. Que en todo lo que nos transmite se ve una gran confianza en la juventud. Esa exigencia que nos invita a tener en los jóvenes nace de esa esperanza de saber que el joven si no le pides mucho va a dar nada, y si le pides mucho va a dar más. Y luego, del padre Morales, cuando va creciendo va descubriendo más. Una de las frases que más me ha llegado que repetía: "No cansarse nunca de estar empezando siempre". Cada vez que voy avanzando en mi vida de fe veo que me va afectando más, más real es.

P. ¿Qué papel juega la música en tu vida de fe?

R. La música surge en mi vida desde niño. Yo recuerdo cantar en misa, en los coros, como algo que me gustaba. Por medio de la Milicia de Santa María, aprendí a tocar la guitarra y participé en varios musicales, y ahí tuve una primera experiencia de grabar una canción en un estudio. Luego, más adelante, ya adolescente, con quince años, apareció la música como forma de expresión. Empecé a vivir algunas cosas, como el tema de la amistad, relaciones, que veía que me podía expresar mejor por medio de la música, y esa misma situación multiplicado al infinito con Dios. La música me ayuda a poner palabras a toda esa vivencia espiritual. De forma personal tiene ese componente. Y luego tiene una capacidad hacia fuera también. Mi forma de expresarme, de contar, de testimoniar mi vida, que me ayuda a mí mismo a poner palabras a lo que estoy viviendo, puede ayudar a otros que lo escuchan. Eso hace que la música, además de mi propio lenguaje, se convierta en un apostolado. Eso ya te empuja a querer ir haciéndolo mejor, a querer compartir las cosas bien para que las formas no sean una barrera. Me ayuda mucho a mi relación con Dios a concretar, la experiencia espiritual se hace más sólida.

P. ¿Podrías comentar la historia que hay detrás de alguna de tus canciones?

R. La canción que tengo que más le gusta a la gente se llama "Se enamoró de mí". Y es una canción que surge de pasar un momento de bajón, de hacer las cosas regular, y de caer en la cuenta de lo maravilloso que es Dios conmigo y que aún así me quiere, qué grande es su misericordia. En esa gran evidencia del amor de Dios, surgen esas frases "Me gusta pensar que quien hizo el mar se enamoró de mí", algo tan grande y bello, y aquí estoy yo, y aún así Él me ama, está enamorado de mí. Surge del contraste de mi nada y su todo.

P. ¿Y la de Mucho mejor?

R. La escribí para celebrar como balance de mis votos, mi renovación de votos temporales. La oración que estaba haciendo esos días, repasando los años que llevo como laico consagrado entregado al Señor, diciendo "jo, yo cuando entré con veinte años tenía una ilusiones, quería o me imaginaba ser de cierta manera, pensaba que había defectos y cosas que iba a conseguir superar..." Veía cosas de la ilusión juvenil, y al mirar decir que la verdad es que nada es como yo pensaba. Yo me miro y digo: "no soy como yo pensaba que iba a ser, pero sí hay una cosa clara, que Tú eres mucho mejor de lo que yo imaginaba, de lo que yo pensaba, lo has hecho todo mucho mejor, y todo lo que a mí me preocupa de mi miseria, mi nada, no tiene el control. Tú te vales de mi pequeñez". Y esa es la historia: "si Tú lo has hecho mucho mejor, mi nada nunca tuvo el control". 



Hno. Miguel Jiménez, EdMP

9 de septiembre de 2026

Cosas de curas (XII): Jaime Sanz Santacruz

 

Cosas de curas con… (XII)


Jaime Sanz Santacruz, delegado de la Pastoral Universitaria de Oviedo


"El Señor es el mejor pagador" 


D. Jaime Santacruz es sacerdote y doctor en Derecho, con 25 años de experiencia en centros de enseñanza y escuelas deportivas en Madrid y Barcelona. Era abogado, estudió en Oviedo la carrera, trabajaba en un despacho al principio, y luego en la empresa promotora y constructora. Y estando allí descubrió que el Señor me pedía más, y entonces se fue a Roma a estudiar, estuvo allí cinco años, ya tenía adelantados estudios de Filosofía y de Teología, allí hizo la tesis también en Derecho Canónico, y se ordenó en el año 97. Todos los jueves del curso, desde octubre, lo puedes encontrar en el plan de la pastoral universitaria (Rosario, Misa y cañas) en la Iglesia de San Tirso de Oviedo (ver cartel al final de la entrevista).

P. ¿Cómo empezó a descubrir su vocación sacerdotal?

R. El descubrimiento de la vocación sacerdotal es algo que, poco a poco, el Señor va haciendo y que te va haciendo ver una luz que se ilumina de ayudar a la gente, de descubrir otro camino distinto del que llevas. Piensas en lo que dejas y piensas en lo que ganas, y entonces dices: el Señor es el mejor pagador.

P. ¿Qué le ayudó a dar pasos en la respuesta a la llamada de Dios?

R. Las ayudas para decir que sí a Dios vinieron de sitios muy diversos, tanto de mi empresa o de amigos que yo acudí a ellos para pedirles consejo. Cuando tienes un problema o un reto por delante, acudes a gente que te puede ayudar. Y me acuerdo que uno de los jefes de mi empresa me dijo: Mira, no lo dudes, si el Señor te pide esto, dáselo. Es como si subieras a un helicóptero, y aunque aquí puedas hacer mucho bien, desde arriba llegas a muchísima más gente.


"Hay que lanzarse a la piscina, hay que fiarse de Dios"

Con los jóvenes universitarios de Oviedo en la visita del Papa a Madrid


P. ¿Qué le aconseja en ese sentido a los jóvenes en el discernimiento de la voluntad de Dios?

R. Que hay que lanzarse a la piscina, hay que fiarse de Dios, que no se puede tener todo controlado, que lo mejor es ponerse en manos de Dios. No hay nadie que pague mejor que el Señor, y cuando nosotros le damos un poco, Él siempre nos da mucho más. Que se fíen de Dios, y que si notan esa respuesta le digan siempre que sí.

P. Desde 2012 era sacerdote de la parroquia de San Manuel González en San Sebastián de los Reyes, y desde 2018 de la Sede de Posgrado de la Universidad de Navarra, también en Madrid. Y actualmente ejerce su ministerio sacerdotal en la parroquia Sagrada Familia y de la Natividad de Nuestra Señora en Oviedo, además de ser delegado de pastoral universitaria de la Archidiócesis de Oviedo: ¿podría contarnos qué le ha marcado más como sacerdote en su vida pastoral?

R. Todo ese recorrido que fui haciendo por esos sitios me ayudó a descubrir dos cosas: en primer lugar, pensaba que todas las personas son iguales, estén en La Moraleja o estén en un barrio humilde como Vallecas, donde también estuve. Todas las personas tienen la misma dignidad, y te encuentras personas maravillosas en cualquiera de esos ambientes. Y, en segundo lugar, me parece que lo que te enriquece en este, con lugares tan variados, es el trato personal con las personas, que aprendes muchísimo de ellas, y uno tiene que tener siempre esa actitud no de enseñar, sino de aprender de los demás, y el Señor se encarga de que aprendas.


"Hay una sed grandísima de Dios"


Grupo de la pastoral universitaria en Oviedo


P. Como delegado de pastoral universitaria, ¿podría decirnos la evolución que ha visto en el grupo de jóvenes que forman el la Asociación Universitaria Carlo Acutis?

R. En la delegación de pastoral universitaria se nota que hay un interés y una sed de Dios impresionante. Cuando nos lanzamos a organizar el viaje a Madrid para ver al Papa yo pensaba que iba a ir con un coche con cuatro o cinco, y al final hemos ido seis coches y treinta personas. Cuando empezamos las misas, que tenemos todos los jueves en la iglesia de San Tirso (Oviedo), empezamos una vez al mes, venía cinco o seis; ahora vienen más de cuarenta, y hemos tenido que hacerlas quincenales, y el año que viene serán todas las semanas, porque los propios jóvenes son los que traen a sus amigos y los que hacen que aquello cada vez sea más numeroso. Hay una sed grandísima de Dios, y un deseo de encontrar a Dios entre los jóvenes impresionante. Esto no es simplemente una idea, sino una realidad: en mi parroquia lo veo, casi todas las personas que se convierten y acercan a Dios son jóvenes.

P. ¿Podría compartir con alguna anécdota en la cual haya visto especialmente el paso de Dios en su vida de sacerdote?

R. Yo contaría dos. Una muy sencilla del otro día en la parroquia, una señora me vino y dijo que al oír las campanas de la iglesia había decidido volver otra vez al seno de la Iglesia. Estaba yéndose por caminos apartados, incluso en sectas. Dentro de la iglesia vio la cueva de la Santina que tenemos allí, y vio que le faltaba a su Madre, y eso le sirvió para acercarse a Dios, las campanas de la iglesia.

Y luego, otra es como una persona también se acercó a Dios porque vino a encargar una misa por su padre que había muerto hace tiempo, y le trataron con tanto cariño en la parroquia que dijo: esta es mi casa y este es mi hogar, estos son los míos. Cómo tenemos que poner siempre cariño en las personas porque eso es lo que sirve para acercar a la gente a Dios.


Hno. Miguel Jiménez, EdMP


6 de septiembre de 2026

Arrójate a los brazos de Jesús

Arrójate a los brazos de Jesús



Arrójate a los brazos de Jesús

 

Todos nosotros tenemos heridas en nuestro corazón por nuestros propios pecados. El orgullo, la autosuficiencia, la desconfianza, casi sin darnos cuenta, nos van separando de Dios. Claro que todos somos buenos, pues nos ha creado Dios, “y vio Dios que era muy bueno” (Gn 1,30). Pero el hombre está herido por el pecado original –herido, no corrompido-, y, por tanto, es débil y frágil. Somos “vasijas de barro” (2 Cor 4,7).

Sin embargo, no estamos perdidos, hay Alguien que nos ha rescatado, ha “dado la vida por sus amigos” (Jn 15,13), ha ido a nuestro encuentro y “muy contento sobre los hombros” (Lc 15,5) nos ha cargado; ha corrido hacia nosotros conmovido, y celebrado una fiesta porque “este hijo mío (…) se había perdido y ha sido hallado (Lc 15,24). Como dice el Santo Cura de Ars, “No es el pecador quien regresa a Dios para pedirle perdón; es Dios quien corre detrás del pecador y lo hace volver a Él”.

Así que no hay por qué tener miedo al Sacramento de la Confesión, porque Dios es el mayor interesado en nuestra felicidad, Él nos ha creado por Amor y nos ha llamado “a estar con Él” (Mc 3,14). No debemos tener escrúpulos ni desconfiar, pues Cristo, como Buen Samaritano, en la persona del sacerdote, “al verle tuvo compasión: Acercándose, vendó sus heridas, le llevó a una posada y cuidó de él” (Lc 10,34). Esa posada es la Iglesia, a la que Dios nos acerca cuando nos dejamos perdonar por Él.

No dudemos ni busquemos excusas, puesto que Jesús siempre ofrece el perdón a quien se lo pide: “A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados” (Jn 20,23). Así lo enseñó Cristo: “Si, pues, vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden!” (Lc 11,13). Así, “Dios se complace en los que esperan en su amor” (salmo 147), por eso propongo a modo de disposición la oración del santo abandono de San Carlos de Foucauld, y de este modo nos pongamos “como un niño en brazos de su madre” (salmo 130):

Padre mío, me abandono a Ti. Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío. Pongo mi vida en Tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tu eres mi Padre.

Porque Dios “sana los corazones quebrantados, venda sus heridas” (salmo 147), podemos rezar con la confianza puesta en Dios nuestro Padre la oración de curación de recuerdos compuesta por el Siervo de Dios Emiliano Tardif, y que aparece en su libro Jesús está vivo.

Y para que pueda servir como preparación para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, propongo un examen de conciencia basado en el himno de S. Pablo a la Caridad.

¡Ánimo, reconozcamos a Dios nuestro pecado sin miedo, que actúa en la persona del sacerdote! “El Señor es clemente y compasivo, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas” (salmo 145). Dejemos ganar a Cristo. Dios es más grande que tu miseria. Saciemos la sed que tiene Él de nosotros y de nuestro amor. No nos quedemos encerrados en nuestro pecado, sino que corramos a lanzarnos al abismo de la Misericordia de Dios, y así podamos proclamar: “¡Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia!” (salmo 135).

 

Hno. Miguel Jiménez, EdMP