Cosas de curas con… (XII)
Jaime Sanz Santacruz, delegado de la Pastoral Universitaria de Oviedo
"El Señor es el mejor pagador"
D. Jaime Santacruz es sacerdote y
doctor en Derecho, con 25 años de experiencia en centros de enseñanza y
escuelas deportivas en Madrid y Barcelona. Era abogado, estudió en Oviedo la
carrera, trabajaba en un despacho al principio, y luego en la empresa promotora
y constructora. Y estando allí descubrió que el Señor me pedía más, y entonces
se fue a Roma a estudiar, estuvo allí cinco años, ya tenía adelantados estudios
de Filosofía y de Teología, allí hizo la tesis también en Derecho Canónico, y
se ordenó en el año 97. Todos los jueves del curso, desde octubre, lo puedes encontrar en el plan de la pastoral universitaria (Rosario, Misa y cañas) en la Iglesia de San Tirso de Oviedo (ver cartel al final de la entrevista).
P. ¿Cómo empezó a descubrir su vocación sacerdotal?
R. El descubrimiento de la vocación sacerdotal es algo que, poco a
poco, el Señor va haciendo y que te va haciendo ver una luz que se ilumina de
ayudar a la gente, de descubrir otro camino distinto del que llevas. Piensas en
lo que dejas y piensas en lo que ganas, y entonces dices: el Señor es el mejor
pagador.
P. ¿Qué le ayudó a dar pasos en la respuesta a la llamada de Dios?
R. Las ayudas para decir que sí a Dios vinieron de sitios muy
diversos, tanto de mi empresa o de amigos que yo acudí a ellos para pedirles
consejo. Cuando tienes un problema o un reto por delante, acudes a gente que te
puede ayudar. Y me acuerdo que uno de los jefes de mi empresa me dijo: Mira, no
lo dudes, si el Señor te pide esto, dáselo. Es como si subieras a un
helicóptero, y aunque aquí puedas hacer mucho bien, desde arriba llegas a
muchísima más gente.
"Hay que lanzarse a la piscina, hay que fiarse de Dios"
Con los jóvenes universitarios de Oviedo en la visita del Papa a Madrid
P. ¿Qué le aconseja en ese sentido a los jóvenes en el discernimiento
de la voluntad de Dios?
R. Que hay que lanzarse a la piscina, hay que fiarse de Dios, que
no se puede tener todo controlado, que lo mejor es ponerse en manos de Dios. No
hay nadie que pague mejor que el Señor, y cuando nosotros le damos un poco, Él
siempre nos da mucho más. Que se fíen de Dios, y que si notan esa respuesta le
digan siempre que sí.
P. Desde 2012 era sacerdote de la parroquia de San Manuel González en
San Sebastián de los Reyes, y desde 2018 de la Sede de Posgrado de la
Universidad de Navarra, también en Madrid. Y actualmente ejerce su ministerio
sacerdotal en la parroquia Sagrada Familia y de la Natividad de Nuestra Señora
en Oviedo, además de ser delegado de pastoral universitaria de la Archidiócesis
de Oviedo: ¿podría contarnos qué le ha marcado más como sacerdote en su vida
pastoral?
R. Todo ese recorrido que fui haciendo por esos sitios me ayudó a
descubrir dos cosas: en primer lugar, pensaba que todas las personas son
iguales, estén en La Moraleja o estén en un barrio humilde como Vallecas, donde
también estuve. Todas las personas tienen la misma dignidad, y te encuentras
personas maravillosas en cualquiera de esos ambientes. Y, en segundo lugar, me
parece que lo que te enriquece en este, con lugares tan variados, es el trato
personal con las personas, que aprendes muchísimo de ellas, y uno tiene que
tener siempre esa actitud no de enseñar, sino de aprender de los demás, y el
Señor se encarga de que aprendas.
"Hay una sed grandísima de Dios"
Grupo de la pastoral universitaria en Oviedo
P. Como delegado de pastoral universitaria, ¿podría decirnos la
evolución que ha visto en el grupo de jóvenes que forman el la Asociación Universitaria
Carlo Acutis?
R. En la delegación de pastoral universitaria se nota que hay un
interés y una sed de Dios impresionante. Cuando nos lanzamos a organizar el viaje
a Madrid para ver al Papa yo pensaba que iba a ir con un coche con cuatro o
cinco, y al final hemos ido seis coches y treinta personas. Cuando empezamos
las misas, que tenemos todos los jueves en la iglesia de San Tirso (Oviedo),
empezamos una vez al mes, venía cinco o seis; ahora vienen más de cuarenta, y
hemos tenido que hacerlas quincenales, y el año que viene serán todas las
semanas, porque los propios jóvenes son los que traen a sus amigos y los que
hacen que aquello cada vez sea más numeroso. Hay una sed grandísima de Dios, y
un deseo de encontrar a Dios entre los jóvenes impresionante. Esto no es
simplemente una idea, sino una realidad: en mi parroquia lo veo, casi todas las
personas que se convierten y acercan a Dios son jóvenes.
P. ¿Podría compartir con alguna anécdota en la cual haya visto
especialmente el paso de Dios en su vida de sacerdote?
R. Yo contaría dos. Una muy sencilla del otro día en la parroquia,
una señora me vino y dijo que al oír las campanas de la iglesia había decidido
volver otra vez al seno de la Iglesia. Estaba yéndose por caminos apartados, incluso
en sectas. Dentro de la iglesia vio la cueva de la Santina que tenemos allí, y
vio que le faltaba a su Madre, y eso le sirvió para acercarse a Dios, las
campanas de la iglesia.
Y luego, otra es como una persona
también se acercó a Dios porque vino a encargar una misa por su padre que había
muerto hace tiempo, y le trataron con tanto cariño en la parroquia que dijo:
esta es mi casa y este es mi hogar, estos son los míos. Cómo tenemos que poner
siempre cariño en las personas porque eso es lo que sirve para acercar a la
gente a Dios.
Hno. Miguel Jiménez, EdMP

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